sábado, 17 de noviembre de 2012

LAKATOS, HUSSER, HEIDEGGER, MORIN, VALERA Y MATURANA


FORMAS  DE BUSCAR EL CONOCIMIENTO, DESDE LA VISIÓN DE DISTINTOS PERSONAJES Y ÉPOCAS: IMRE LAKATOS, EDMUND HUSSER, MARTIN HEIDEGGER, EDGAR MORÍN, FRANCISCO VALERA Y HUMBERTO MATURANA
(ENSAYO)

Facilitadora: Dra. Enma Rodríguez
Realizado por el Grupo V Jornada de la tarde
Navarro, Gregorio
Loreto, Adriana
Talez, Goyomar
Bander, Zuleika
González Tirza
Pinilla, Isbelia

Toda concepción tiene su historia y base filosófica; a través de los años y las décadas, dicha concepción tradicionalmente contradice la utilización de las ideas, como suposiciones o supuestos, que en muchas ocasiones su demostración queda en el plano teórico o se manifiesta a término de propuestas en las investigaciones.  Según esto, el presente ensayo determina los aspectos relevantes relacionados con la manera de buscar el conocimiento, según los supuestos teóricos, con la visión de Imre Lakatos, Edmund Husser, Martin Heidegger, Edgar Morín, Francisco Valera y Humberto Maturana.
Para efectos de redacción se describe un breve pasaje por las teorías epistemológicas de cada uno de los autores antes señalados, iniciando con  la hermenéutica, que fue por así decirlo, la heredera de las corrientes transcendentales, idealistas y vitalistas del siglo XVIII y XIX, y ubicando como algunos de su representantes a Edmund Husserl (1859-1938) y Martin Heidegger (1889-1976). Husserl, elimina la base de todo ingenuo objetivismo, proyectado sobre un conocimiento cualquiera; su distinción entre lo vivencial particular y mundo real, como corriente dinámica y unitaria de las vivencias particulares.
Esta distinción significa que toda vivencia intencional se produce en un horizonte anterior y posterior. Un horizonte no es ámbito rígidamente acotado, sino algo que se desplaza a medida que se recorre, y que invita a seguir entrando en él. Con este concepto de horizonte, Husserl intenta vincular, toda referencia intencional limitada a la continuidad básica del todo.  En contraposición con esto Heidegger, manifiesta la inexistencia de la base ontológica propia a la subjetividad trascendental como temporalidad. Por eso, su punto de vista frente a Husserl es que debe determinarse, desde el horizonte del tiempo, lo que el ser significa.
                El tiempo no es sólo el horizonte del ser, sino que el ser mismo es tiempo. La estructura de la temporalidad determina así ontológicamente a la subjetividad. Sólo así se rompe de veras con la subjetividad y con la metafísica occidental, encerrada en el ser. Heidegger reconoce y supera pues, el planteamiento trascendental que es consecuencia del subjetivismo moderno y se pregunta por el ser y se propone llevar a cabo, una renovación general del problema del ser.
En otro orden de ideas y en épocas diferentes, pero bajo la misma inquietud de buscar el conocimiento, Imre Lakatos (1922-1974), sostiene que la ciencia se parece más a un pleito entre tres contendientes, dos teorías y un experimento, y que el resultado interesante es con mayor frecuencia la confirmación de una de las teorías y no su falsificación. Según Lakatos, el estudio histórico revela que cuando falla alguna o algunas de las predicciones derivadas de una teoría, ésta no se ha eliminado sino que se ha conservado mientras se afinan las observaciones realizadas y se llevan a cabo otras más. Según esto se constata que mientras una teoría científica tenga algo a su favor no conviene eliminarla hasta que se tenga una teoría mejor; de hecho, debe dársele un tiempo para que se modifique de manera de poderse enfrentar mejor a las anomalías que la afectan. Sobre esta base de ideas, Lakatos propone que el punto de comparación no deben ser teorías aisladas, sino más bien conjuntos de teorías, generados por modificaciones sucesivas de sus predecesores, que de todos modos se conservan. A estos conjuntos de teorías afines Lakatos los denomina "programas científicos de investigación".  Bajo la misma premisa de Husser, Heidegger y Lakatos y  los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela (1980, 1984), enmarcan sus postulados en el desarrollo de la computación y la investigación empírica de los procesos neuronales cerebrales. Los cuales han revolucionado a la teoría clásica del conocimiento basada en la idea de la representación o duplicación de una realidad externa en la mente del observador.  De igual manera, se puede citar el hecho que Francisco Varela investigó durante la mayor parte de su vida las bases biológicas del conocimiento y el lenguaje y  las características de la vida. Realizó aportes a la comprensión de la epilepsia y del sistema inmunológico y exploró las fronteras de la neurociencia y la psicología cognitiva.
En correspondencia con Maturana, se puede afirmar que da lugar, a una perspectiva de base totalmente diferente: la de las ciencias de la complejidad. Esta noción de la complejidad ha emergido en los últimos años, en parte como una síntesis de algunas disciplinas tradicionales como la biología, la física y las matemáticas. Los sistemas complejos (por ejemplo, los seres vivos, el cerebro y los sistemas sociales) de los que se ocupan, no se encuentran dentro de los confines de una sola disciplina tradicional, sino que para su estudio requieren del conocimiento y las técnicas de varias disciplinas. El elemento básico de esta perspectiva es la mutación de la noción de realidad y la del observador. Esto llevó a un cambio radical en la relación observador-observado, en la cual ya no se acepta el acceso a una realidad única independiente del observador y, por el contrario, se propone que existen tantas realidades como modos de vivir surgen en cada ser.
Otro autor de destacada trayectoria en lo correspondiente a la búsqueda del conocimiento es Edgar Morín, quien sostiene que esa búsqueda, es una aventura en espiral, que tiene un punto de partida histórico, pero no tiene término, que debe sin cesar realizar círculos concéntricos; es decir, que el descubrimiento de un principio simple, no es el término. Lo anterior permitió a Morín crear la teoría de la complejidad a la que se ven abocadas las disciplinas, tanto en la ciencias físicas como en las biológicas, las matemáticas o las ciencias socioculturales, que están apuntando a un trasfondo en el que se construye una nueva epistemología: la epistemología de la complejidad. Dicho de otro modo, la complejidad parece desafiar nuestro conocimiento y, de algún modo, producirle una regresión. Cada vez que hay una irrupción de complejidad precisamente bajo la forma de incertidumbre, en la aleatoriedad, se produce una resistencia muy fuerte. 
A manera de conclusión se puede decir, que cada sujeto tiene una postura diferente al tratar de buscar el conocimiento, según afirma F. Varela (1980) "lo central es una circularidad inalienable entre el acto de conocer y vivir, entre el universo de lo vivo y el conocer como objeto de estudio. Que el conocer precede a la comprensión del conocer, visto como mecanismo biológico y neurona. Que la experiencia vivida es la base misma de la exploración científica de la conciencia".
Puerto Ordaz, octubre 28 de 2012

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