FORMAS DE BUSCAR EL CONOCIMIENTO, DESDE LA VISIÓN DE
DISTINTOS PERSONAJES Y ÉPOCAS: IMRE LAKATOS, EDMUND HUSSER, MARTIN HEIDEGGER, EDGAR MORÍN,
FRANCISCO VALERA Y HUMBERTO MATURANA
(ENSAYO)
Facilitadora: Dra. Enma Rodríguez
Realizado por el Grupo V Jornada de la tarde
Navarro, Gregorio
Loreto, Adriana
Talez, Goyomar
Bander, Zuleika
González Tirza
Pinilla, Isbelia
Toda concepción tiene su historia y base filosófica; a través de los
años y las décadas, dicha concepción tradicionalmente contradice la utilización
de las ideas, como suposiciones o supuestos, que en muchas ocasiones su
demostración queda en el plano teórico o se manifiesta a término de propuestas
en las investigaciones. Según esto, el
presente ensayo determina los aspectos relevantes relacionados con la manera de
buscar el conocimiento, según los supuestos teóricos, con la visión de Imre Lakatos,
Edmund Husser, Martin Heidegger,
Edgar Morín, Francisco Valera y Humberto Maturana.
Para efectos de redacción
se describe un breve pasaje por las teorías epistemológicas de cada uno de los
autores antes señalados, iniciando con la hermenéutica, que fue por así decirlo, la
heredera de las corrientes transcendentales, idealistas y vitalistas del siglo
XVIII y XIX, y ubicando como algunos de su representantes a Edmund Husserl
(1859-1938) y Martin Heidegger (1889-1976). Husserl, elimina la base de todo ingenuo objetivismo, proyectado
sobre un conocimiento cualquiera; su
distinción entre lo vivencial particular y mundo real, como corriente dinámica
y unitaria de las vivencias particulares.
Esta distinción
significa que toda vivencia intencional se produce en un horizonte anterior y
posterior. Un horizonte no es ámbito rígidamente acotado, sino algo que se
desplaza a medida que se recorre, y que invita a seguir entrando en él. Con
este concepto de horizonte, Husserl intenta vincular, toda referencia
intencional limitada a la continuidad básica del todo. En contraposición con esto Heidegger,
manifiesta la inexistencia de la base ontológica propia a la subjetividad trascendental
como temporalidad. Por eso, su punto de vista frente a Husserl es que debe
determinarse, desde el horizonte del tiempo, lo que el ser significa.
El tiempo no es sólo el horizonte del ser,
sino que el ser mismo es tiempo. La estructura de la temporalidad determina así
ontológicamente a la subjetividad. Sólo así se rompe de veras con la
subjetividad y con la metafísica occidental, encerrada en el ser. Heidegger
reconoce y supera pues, el planteamiento trascendental que es consecuencia del
subjetivismo moderno y se pregunta por el ser y se propone llevar a cabo, una
renovación general del problema del ser.
En otro orden de ideas y en épocas
diferentes, pero bajo la misma inquietud de buscar el conocimiento, Imre Lakatos (1922-1974),
sostiene que la ciencia se parece más a un pleito entre tres contendientes, dos
teorías y un experimento, y que el resultado interesante es con mayor
frecuencia la confirmación de una de las teorías y no su falsificación. Según
Lakatos, el estudio histórico revela que cuando falla alguna o algunas de las
predicciones derivadas de una teoría, ésta no se ha eliminado sino que se ha
conservado mientras se afinan las observaciones realizadas y se llevan a cabo
otras más. Según esto se constata que mientras una teoría científica tenga algo
a su favor no conviene eliminarla hasta que se tenga una teoría mejor; de
hecho, debe dársele un tiempo para que se modifique de manera de poderse
enfrentar mejor a las anomalías que la afectan. Sobre esta base de ideas,
Lakatos propone que el punto de comparación no deben ser teorías aisladas, sino
más bien conjuntos de teorías, generados por modificaciones sucesivas de sus
predecesores, que de todos modos se conservan. A estos conjuntos de teorías
afines Lakatos los denomina "programas científicos de investigación". Bajo la misma
premisa de Husser, Heidegger y Lakatos y los biólogos Humberto Maturana y Francisco
Varela (1980, 1984), enmarcan sus postulados en el desarrollo
de la computación y la investigación empírica de los procesos neuronales
cerebrales. Los cuales han revolucionado a la teoría clásica del conocimiento
basada en la idea de la representación o duplicación de una realidad externa en
la mente del observador. De igual manera,
se puede citar el hecho que Francisco Varela investigó durante la mayor parte
de su vida las bases biológicas del conocimiento y el lenguaje y las características de la vida. Realizó
aportes a la comprensión de la epilepsia y del sistema inmunológico y exploró
las fronteras de la neurociencia y la psicología cognitiva.
En correspondencia con Maturana, se puede afirmar que da lugar, a una
perspectiva de base totalmente diferente: la de las ciencias de la complejidad.
Esta noción de la complejidad ha emergido en los últimos años, en parte como
una síntesis de algunas disciplinas tradicionales como la biología, la física y
las matemáticas. Los sistemas complejos (por ejemplo, los seres vivos, el
cerebro y los sistemas sociales) de los que se ocupan, no se encuentran dentro
de los confines de una sola disciplina tradicional, sino que para su estudio
requieren del conocimiento y las técnicas de varias disciplinas. El elemento
básico de esta perspectiva es la mutación de la noción de realidad y la del
observador. Esto llevó a un cambio radical en la relación observador-observado,
en la cual ya no se acepta el acceso a una realidad única independiente del
observador y, por el contrario, se propone que existen tantas realidades como
modos de vivir surgen en cada ser.
Otro autor de destacada trayectoria en lo correspondiente a la búsqueda
del conocimiento es Edgar Morín, quien sostiene que esa búsqueda, es una
aventura en espiral, que tiene un punto de partida histórico, pero no tiene
término, que debe sin cesar realizar círculos concéntricos; es decir, que el
descubrimiento de un principio simple, no es el término. Lo anterior permitió a
Morín crear la teoría de la complejidad a la que se ven abocadas las disciplinas,
tanto en la ciencias físicas como en las biológicas, las matemáticas o las
ciencias socioculturales, que están apuntando a un trasfondo en el que se
construye una nueva epistemología: la epistemología de la complejidad. Dicho de
otro modo, la complejidad parece desafiar nuestro conocimiento y, de algún
modo, producirle una regresión. Cada vez que hay una irrupción de complejidad
precisamente bajo la forma de incertidumbre, en la aleatoriedad, se produce una
resistencia muy fuerte.
A manera de conclusión se puede decir, que cada sujeto tiene una postura
diferente al tratar de buscar el conocimiento, según afirma F. Varela (1980)
"lo central es una circularidad
inalienable entre el acto de conocer y vivir, entre el universo de lo vivo y el
conocer como objeto de estudio. Que el conocer precede a la comprensión del
conocer, visto como mecanismo biológico y neurona. Que la experiencia vivida es
la base misma de la exploración científica de la conciencia".
Puerto Ordaz, octubre 28 de 2012
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